Karnak

"Cicatriz Ardiente"

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Un enigmático y enorme semiorco de pelo rojizo. El subnombre “Cicatriz ardiente” viene por tener el cuerpo repleto de largas cicatrices blancas que destacan con su piel oscura.

Es un tipo cuanto menos extraño. Al contrario que la mayoría de los bárbaros, sabe leer y escribir con total fluidez, cosa que más de una vez ha sorprendido a los pocos insensatos que le han intentado timar. Lleva un tiempo trabajando como mercenario, aunque pese a lo que pueda parecer, es bastante joven.

A primera vista resulta un tipo peligroso. Sin duda lo es, aunque resulta mucho más civilizado que la mayoría de los “habitantes de ciudad”. No es cruel sin motivo. No es violento si no es provocado. Pero no es un hombre bondadoso… ni mucho menos.

Al fin y al cabo, lo único que ha conocido es la brutalidad de las tierras vírgenes. Y allí, no sobrevive nada que pueda llamarse “humano”.



Bio:

-——————- AVISO DE SPOILER—————————-

Karnak se ha visto amenazado desde su nacimiento. Su padre era Skorn, un poderoso caudillo orco que lideraba las tribus de las Montañas del Espinazo Negro. ¿Su madre? era una esclava. Una pobre desdichada que perdió el favor de Lloth, y se vió sometida a las más abyectas humillaciones que Skorn pudo idear. Era, en efecto, una sacerdotisa de la diosa del caos. Una drow.

Su grupo estaba investigando unas ruinas cuando la horda cayó sobre los suyos. ¿Qué hacian tan cerca de la superficie?… recuperar un artefacto. La sacerdotisa dijo haberlo visto en una visión, aunque seguramente fuera una mentira.

Volviendo a Karnak. Se crió como pudo rodeado de orcos y trasgos. Era un desecho. Un paria. “Lo que la puerca de la drow había cagado”. Solo los dioses saben como logro sobrevivir los primeros años. La esclava no duró muchos meses viva, así que desde siempre ha estado solo. Hasta que fue ascendiendo.

Al principio, era de los más pequeños de su edad. Rehuia todo contacto y si seguía en el clan era por la protección que este ofrecía. Obviamente todos seguían metiendose con el. Cuando lograban atraparle le golpeaban hasta dejarle inconsciente. Sin embargo, era capaz de abastecerse el sólo de comida. Sabía cazar, y por lo tanto, comer mejor que la mayoría de la chusma que rondaba su madriguera. De lo único que estaba orgulloso en su vida era de haber sido capaz de matar un wargo. Estaba herido, si. Moribundo y cojo. Pero aun así era su mayor trofeo.
Un dia, volviendo de caza con una liebre, encontró al hijo de Ughda limpiandose el culo con la piel del wargo. Era un orco mayor que el. Tendría 7 años. Su primera cicatriz. Su primer asesinato. Pocos fueron los que vieron como Karnak partía el cuello del hijo menor de la concubina de Skorn, aunque el rumor se disparó como la polvora.

Poco a poco, su vida fué mejorando. Junto con el odio de Ughda. Ella, intentó hacer que Skorn matara a Karnak, pero con una sonrisa dijo que era mejor así. Nada tan debil podía haber salido de él, así que, si volvía a enterarse de que se había restregado con otro la desollaría.

Y, poco a poco, pasó el tiempo. Tal vez fuera su herencia drow. O a la sangre de su padre. Pero pasados unos años era uno de los jóvenes más altos de la tribu. Hubo otros altercados, pero por fin le dejaron en paz. Era un guerrero, estaba claro. Sin embargo, no había nadie que le apoyara, de modo que no podía unirse a las huestes de la tribu. Era un paria, pero eso cambiaría en la siguiente elección.

Cada año, se reunían los mejores aspirantes para luchar frente al resto de la tribu. El objetivo era reemplazar a la guardia de élite de Skorn, que moría a un ritmo alarmante.
Por supuesto, esto era un gran honor para cada posible aspirante, de modo que sólo accedian los más fuertes, y mejor posicionados.
Y, por supuesto, Karnak.

El día antes de las elecciones, por la noche tras la fiesta, Tork, el último hijo de Ughda se retiraba a yacer con dos hembras, Karnak salio de entre las sombras, y lo retó a un duelo. Tork se rió, y le intentó empujar, pero no consiguió mover ni un ápice al semiorco. El duelo acabó con el grito de las dos hembras, que corrieron a refugiarse del paria. No era la primera vez que mataba, pero… qué demonios, era divertido. Nunca antes había notado ese… ansia. ¿Tal vez sería por la emoción de ser por fin aceptado? ¿o por haber acabado con un guerrero “de élite” tan facilmente? Riendo mientras guardaba su cabeza en un saco, se retiró a dormir.

Pero esa fué una noche extraña. No, no fueron nervios por el combate de mañana. Tampoco temía las represalias de Ughda. Tuvo un sueño, y eso era una novedad. Vió entre borrones ciaturas que jamás habia visto antes. Eran como humanos, pero… deformados. Alguno tenía un cuerno. Otro era incluso más grande que un ogro. ¿Qué estaban haciendo? ¿Quién les estaba siguiendo?… le resultaba familiar…

Despertó entre sudores, y casi llega tarde a la reunión. Se abrió paso a empujones entre la multitud, mientras los últimos aspirantes mencionaban sus méritos delante de Skorn. A su lado, Ughda, intranquila por no ver a su hijo entre los participantes. La muy estupida pensaría que aun estaría en su lecho con las dos furcias. Acabó el último participante, y cuando el pregonero iva a comenzar su discurso, se adelantó.

Karnak: – Karnak. Por derecho de combate. (Impasible, vació el saco delante de la multitud). Todo lo que matas, es tuyo…….. (inclinandose) ….. y del jefe.

Ughda: – Ese… ese es…. ¡MALDITO MALNACIDO! ¡DESECHO DEMACRADO! ¡JURO QUE DEBÍ HABERTE DESCUARTIZADO CUANDO MATASTE A MI CACHORRO! (Los guardias retienen a Ughda, mirando con nerviosismo a Skorn)…..

Skorn: – Muy bien Ughda. Te concedo el derecho de vengar a TU hijo. Supongo que estaras conforme con un combate a muerte (dirigiendose a Karnak, sin ningun tono de haber preguntado nada).

De modo que combatieron. Ughda no era una guerrera. Sin embargo, era más poderosa que el joven Karnak. Una sacerdotisa de Bahgtru. Y se había estado preparando durante años. Primero lo inmovilizó. Lo fustigó con un látigo de seis colas, hasta que su piel parecía ser roja. Después, un conjuro de tortura. Era como si sus huesos estuvieran al rojo vivo…al rojo vivo. De repente, se dió cuenta de algo. Conocía a uno de los que había visto antes. ¿Cómo no podía haberlo visto antes? Estaba delante suyo. Sin mover un músculo. Sabiendo que esto era una ejecución. Si lo quería muerto, ¿Porqué no lo habia hecho antes?. Sentado, arrogante en su trono. (Karnak, comenzó a moverse, hincando una rodilla en tierra) MIrandolos desde arriba. (apoyó el otro pie) Con desprecio, como si el fuese algo mejor (se incorporó totalmente) ¿Mejor que yo?…

Gritó. No un aullido de dolor, sino un rugido mucho más salvaje. Como si fuera un instinto primario. Sus músculos se hincharon, y sus venas se tensaron como cuerdas. Vió un extraño brillo en los ojos de su padre, pero no importaba. ¿Acaso pensaba que su furcia iba a pararle?. Cada vez le costaba más pensar, mientras notaba la cálida sangre de Ughda en sus manos. Su tierna carne. Su asqueroso sabor en los dientes del semiorco.

…….. CONTINUARÁ

Karnak

Dungeons and Dragons: Episodio1: La conquista de Nerull Makkiel